MÓDULO 2: Educación por un enfoque de competencias: Perspectivas analíticas y variables de un currículo integrador

“Ser un maestro es ser un profeta. No estamos preparando a los estudiantes para el tiempo presente, ni para el mundo en el que crecieron los docentes. Estamos preparando a nuestros alumnos para un mundo que apenas podemos imaginar.” Gordon Brown, Exdecano de la School Engineering del MIT

Presentación del módulo dos:

Queridos estudiantes: estamos introduciendo el módulo dos de este diplomado. Vamos poco a poco adentrándonos en un tema vertebral de la educación. Se trata de apostar por un enfoque en el modo como llevamos al aula de clase nuestros diseños de enseñanza y aprendizaje. Bien sabemos que la educación bancaria, criticada por Paulo Freire, acompañó el sistema educativo por dos siglos en nuestra historia. El maestro ha sido el centro de la clase, y su voz monológica ha hecho del acto de educar una experiencia donde el conocimiento ha estado centrado en su autoridad y la transmisión del mismo, a través de metodologías más inductivas que deductivas, impidiendo la construcción del propio pensamiento y la construcción del conocimiento de manera autónoma. Este sistema ha tenido un lugar en la cotidianidad de las aulas de clase. Aun en estos inicios del siglo XXI perdura este sistema tradicional, de tablero, marcador y filas de alumnos que son formados homogéneamente.

En la primera mitad del siglo XX autores como John Dewey, Kilpatrick, María Montessori, entre otros, hicieron aportes interesantes sobre la actividad y el modo de aprender y enseñar en una nueva manera de ver la educación. Pero sobre todo su aporte estuvo en el lugar que debe ocupar el sujeto en la experiencia de aprender. Su método del juego, los proyectos y el instrumentalismo, ponía en un lugar preeminente la experimentación y la acción. Pero fundamentalmente el acento estaba puesto en ofrecerle al estudiante la posibilidad de actuar sobre la realidad, operando con ella a través de proyectos de indagación, actividades lúdicas y búsqueda constante. El maestro entonces ocuparía el papel de ser un guía y orientador del trabajo de los chicos.

Considerando estos factores tan relevantes y reveladores para la reflexión de la pedagogía, hemos podido vislumbrar un imperativo en la educación del presente: el sistema educativo no se sostiene de la manera como ha venido funcionando a través del tiempo. Hoy frente a una nueva versión de la realidad, muchas instituciones educativas siguen ofreciendo un modelo educativo tradicional, transmisionista, pasivo y reproductor de la realidad circundante. Y parece ser que ese mundo real de la vida pasa desapercibido y no se articula al mundo escolar. Entonces, la realidad, y las variables culturales, sociales, políticas, van quedando por fuera del espectro de la educación. Vivimos tiempos de gran incertidumbre y requerimos con urgencia relacionar el mundo y la vida real con todo aquello que acontece en el aula de clase. Los relatos, los códigos relacionales, los comportamientos y modos de ser como elementos explícitos en la cultura escolar necesitan contextos nuevos donde la tecnología, los agrupamientos, la investigación, el servicio, la convivencia y los valores, vayan ocupando un lugar destacado en el modo de aprender.

Por estas razones, este módulo te invita a mirar más allá de un currículo por contenidos, para pasar a un currículo de la acción. Seguir insistiendo en mallas curriculares llenas de temas y conceptos, no va a resolver el problema del aprendizaje. Hemos gastado tiempos innecesarios en seleccionar, diseccionar, clasificar por grados, por edades, por ciclos, la experiencia del aprendizaje, dosificando los saberes en compartimientos estancos, legado de una perspectiva industrial del modelo educativo y también por prácticas convencionales que han hecho carrera en la gramática propia de una enseñanza y aprendizaje formalista y limitada.  

Cuando nos referimos a un currículo de la acción, estamos asistiendo a una concepción curricular abierta, flexible, capaz de leer la realidad, capaz de penetrar en la vida de los educandos para comprender su modo de ser y de vivir, sus maneras particulares de aprender, sus vivencias y motivaciones, pero sobre todo su capacidad enorme de enfrentar la experiencia de la vida y de las situaciones relevantes de la misma. Un currículo de la acción nos pone de frente una nueva convicción: transformar la manera como vemos y recibimos esos modos particulares de ser de los estudiantes, sus motivaciones y sus nuevos roles, que aportan para nosotros otras perspectivas para afrontar el camino del conocimiento. Se nos exige entonces diseñar experiencias para un estudiante activo, buscador, motivado y proclive a vivir la aventura de un saber en proceso continuo. También esta nueva visión del currículo pone en el centro a la persona, le da el valor que se merece, no solo a su hacer, sino a su palabra y capacidad crítica para ir tejiendo e hilvanando su proyecto vital. Una escuela del siglo XXI garantiza esa necesidad imperiosa de crear capacidad de ser, con la plena autenticidad que permite al ser humano disentir, e ir forjando su carácter en medio de un mundo hostil y desafiante. Un maestro en las nuevas coordenadas de la educación favorece el intercambio, la interacción, y fundamentalmente permite el fortalecimiento del vínculo educativo para co-crear con el estudiante posibilidades nuevas de comprender las problemáticas de la humanidad. Las familias, la cultura, la sociedad requieren personas capaces de responder con tareas extraordinarias para hacer de la vida humana un lugar de paz y de convivencia donde todos los seres humanos, sintiéndose reconocidos y apreciados, puedan solventar sus vidas y contribuir a la resolución de las variables que hoy hacen que la sociedad viva fracturas insoslayables. Para lograr este cometido hay que desarrollar competencias para la vida, y eso solo es posible lograrlo en el sistema escolar, como espacio de intermediación entre la vida familiar y la vida social. Por tanto, la escuela es un espacio para la socialización, pero fundamentalmente debe cumplir una función socializadora…preparar para transformar las condiciones de injusticia, discriminación, pobreza, exclusión, como algunos de los males que hoy azotan el planeta.

“El currículo es un componente esencial del proceso educativo. La complejidad del mundo cambiante en el siglo XXI hace necesario redefinir el currículo tradicional, entendido como listas de contenidos que hay que retener y memorizar para transformarlo en un currículo inspirador centrado en el desarrollo de competencias. (…) transformar el currículo obliga a repensar su finalidad: qué es necesario aprender para que su contenido prepare a los alumnos para cualquier situación con la que se tengan que enfrentar en el futuro, cómo tiene que ser un currículo que sea valioso para la vida de los alumnos, como dice David Perkins, con aprendizajes que tengan altas probabilidades de ser importantes y significativos para las vidas de los alumnos. De ahí nació la necesidad de aprender por proyectos. Al tratar de encontrar el tema de un proyecto, o al formular la pregunta esencial para ofrecerlo a los alumnos, nos fueron muy valiosos los criterios que Perkins enumera en su libro al tratar las grandes ideas que realmente vale la pena enseñar: que ayuden a la comprensión profunda del mundo y de uno mismo; que lleve a una acción; que inspire actitudes y comportamientos éticos; que ofrezca múltiples oportunidades de aplicación de lo aprendido.” Aprender hoy y liderar mañana, Monserrat del Pozo y otros autores, Tekman Books, 2016

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